Bienvenidos ¿que es la psicología Transpersonal?

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Bienvenidos a este espacio donde os ofrezco lo que pueda compartir, para crecer y sanarnos, para ser.

Que es la psicología Transpersonal?

A principio de los años 50 del siglo XX, el psicólogo Abraham Maslow, llega a la conclusión de la necesidad de re fundar la psicología, dada la visión limitada que daban del ser humano las dos corrientes principales. El conductismo reducía la persona a datos y estadísticas, y el psicoanálisis sólo trabajaba con los aspectos negativos. Así pues agrupado dentro del llamado “Movimiento del potencial humano” Maslow hace los planteamientos de la psicología humanista o “Tercera fuerza” en respuesta a las dos corrientes principales. Unos años más tarde, el mismo Maslow, se vio en necesidad de incluir dentro de la psicología humanista una serie de aspectos de la naturaleza humana que se habían puesto de relieve durante la década del 60. La meditación, los estados modificados de conciencia, la revolución sexual, las comunes, la revalorización de las culturas indígenas y muchos mas, pusieron en evidencia de nuevo que había que ir más lejos. En 1969 junto con otros psicólogos y psiquiatras como Stanislav Grof, Anthony Sutich o Miles Vich, Maslow crean la psicología Transpersonal (más allá-Trans persona-de la máscara, en su significado etimológico) o “Cuarta fuerza”, con la intención de hacer una psicología de la conciencia que incluya las dimensiones trascendentes del ser.

La terapia Transpersonal

En contraste a las anteriores escuelas, la psicología Transpersonal, plantea un acercamiento terapéutico a la persona como ser participante de una realidad “espiritual”, donde el ego es un vehículo de la auténtica identidad que se esfuerza por expresarse y que utiliza “la crisis” como medio de transformación. La neurosis y la psicosis son expresiones de la identificación con el ego limitado y temporal. En la terapia Transpersonal, la persona pasa de ser un “paciente”, receptor de una técnica terapéutica que curará de su disfunción, como era a las anteriores escuelas psicológicas, a ser un “actiente” que experimenta un proceso de auto descubrimiento profundo acompañado por el terapeuta. Se trata, pues, de facilitar la re-conexión de la persona con su autentica identidad: el Ser.

Para poder seguir este camino de reencuentro, la psicología Transpersonal, utiliza además de las técnicas heredadas de las anteriores escuelas, como el análisis verbal o el trabajo corporal, las llamadas técnicas de modificación de la conciencia como la meditación o la hiperventilación. Estas técnicas permiten el acceso directo a todas las capas del subconsciente, incluso las más profundas, donde la persona puede comprender la estructura de su identificación con el ego y experimentar la totalidad de su verdadero ser.


Cuerpo, corazón, mente y esencia.

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persona

Vivimos una sociedad donde el papel de la mente se ha confundido con la inteligencia, la toma de decisiones y la gestión de nuestra vida se supone que ha de ser dirigida por la mente racional y que solo mediante el pensamiento racional se puede llegar a conocer la naturaleza de la realidad. Sin duda el pensamiento racional y analítico, asociado con la funciones del hemisferio izquierdo del cerebro, es una herramienta imprescindible para poder desarrollarse en la sociedad moderna, y es gracias a él que hemos podido avanzar en muchos aspectos de nuestra vida. La tecnología, por ejemplo, es uno de los principales productos de la razón y ha cambiado nuestra cotidianeidad en poco tiempo, hasta niveles antes inimaginables. Sin embargo, la preeminencia del pensamiento racional también nos ha llevado obviar otros tipos de inteligencia, así como a una desconexión con otras partes de nuestro ser que nos permiten tener un conocimiento más profundo de nosotros mismos, del mundo y de la misma realidad.

En recientes investigaciones se ha encontrado la existencia de un sistema neuronal, con más de 40.000 neuronas, en el órgano cardiaco. La existencia de este sistema neuronal nos habla de una inteligencia del corazón. Esta inteligencia cardiaca complementaría la inteligencia racional ayudando a la gestión emocional y a la toma de decisiones con un sentimiento de unidad y empatía. También otros aspectos de la mente no racionales como la intuición, la creatividad o la espiritualidad, tradicionalmente asociados con el hemisferio derecho del cerebro, han sido infravalorados. Debido al menosprecio de estos tipos de inteligencia, no se ha puesto ningún énfasis en su desarrollo ni en la importancia que tienen para la correcta toma de decisiones y la formación de la personalidad.

Otro aspecto ignorado como fuente de conocimiento es el cuerpo. El cuerpo se comunica mediante sensaciones y nos indica si realmente lo que estamos haciendo o pensando nos es placentero o doloroso, si estamos en armonía con nuestras acciones y pensamientos o, por otro lado, nos estamos obligando a actuar o pensar en contra de nuestra manera de ser. La angustia, la depresión, las enfermedades psicosomáticas, las tensiones musculares o nuestra digestión nos hablan de nuestro estado interior más allá de nuestro pensamiento. Observando al cuerpo, su posición, sus bloqueos, su sensibilidad, podemos darnos cuenta de que está pasando en

nosotros a un nivel más profundo. Olvidar el cuerpo nos convierte en “cerebros con patas”, en personas que creen que son libres y actúan según su voluntad cuando en realidad siguen un programa de lo que se supone que deben hacer o pensar inculcado por la educación y la sociedad. Para poder ser libres realmente debemos aprender a escuchar todas esas partes olvidadas de nuestro ser. En ellas podemos descubrir cuál es nuestro potencial a desarrollar, nuestra auténtica personalidad. Esta personalidad profunda, es lo que en muchas tradiciones espirituales se llama alma o esencia, y constituye nuestro yo autentico, del que el cuerpo, el corazón y la mente son solo partes o expresiones. Vivir en plenitud es un viaje de auto-descubrimiento de esa esencia que nos permitirá afinar y desarrollar todas nuestras capacidades, sentir, actuar, amar y pensar inteligentemente. No somos robots siguiendo una programación, somos la consciencia del universo expresándose.

Jordi Àlvarez Carniago, Psicoterapeuta Transpersonal.

 

Sexualidad y espiritualidad

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amor

En el contexto de la búsqueda moderna y occidental del crecimiento personal, la sexualidad en relación con la espiritualidad se ha convertido en un nuevo foco de interés para los vendedores y consumidores de cursos y soluciones rápidas, o sea, en un producto más a ser consumido. Como antes ocurrió con la meditación o el Yoga, la sexualidad está siendo aprovechada por supuestos maestros y terapeutas para aumentar sus ingresos promoviendo, en el mejor de los casos, la desilusión o la confusión, y en el peor, el rechazo o el fraude.

En este breve artículo intentaré arrojar un poco de luz sobre el tema. Para hacerlo he revisado numerosos documentos que he encontrado al respecto, tanto académicos como de nivel más popular, pero he encontrado muy poco material serio e interesante. De modo que voy a basarme principalmente en mis conocimientos como psicoterapeuta Transpersonal y estudioso de la espiritualidad y la conciencia, así como en mis experiencias y prácticas espirituales.

Hablemos de sexualidad o de cualquier otra cosa, el principal problema cuando se aborda el tema de la espiritualidad es delimitar el significado de este término, ya que no existe una sola definición: cada escuela o corriente entiende la espiritualidad de una manera diferente. Observado desde las diferentes visiones, la finalidad y, por tanto, la práctica del llamado camino espiritual tienen infinitud de matices y objetivos. Es por este hecho que partiré del punto de vista mucho más básico y general de la psicología Transpersonal, que pretende favorecer el desarrollo espiritual de la persona sea cual sea su orientación espiritual o religiosa.

El primer referente que acude a mi mente al respecto del desarrollo psicológico de la sexualidad es Wilhem Reich. Este controvertido médico y psicólogo discípulo de Freud fue el primero que planteó la importancia de un desarrollo sano y amplio de la sexualidad como elemento básico de un desarrollo de la salud psíquica. Reich, en sus trabajos e investigaciones, observó la relación entre la represión sexual y la neurosis, así como su correspondencia corporal, implementando por primera vez en la historia una teoría de la energía bio-psíquica. Por ello es considerado el padre de la bioenergética, disciplina que fue más tarde ampliada y convertida en una terapia corporal por Alexander Lowen. Curiosamente, sus observaciones en el trabajo clínico condujeron a Reich a definir la relación entre la energía sexual y vital y la psique en términos muy similares a como lo veían las tradiciones espirituales de oriente.

El cuerpo, las emociones y la mente son un todo que fluye en una constante interrelación de elementos, no puede existir una armonía mental si no existe una armonía con el cuerpo y las emociones. Por tanto no puede haber un desarrollo de la conciencia, de la espiritualidad, si no existe una armonía en todos los niveles tanto psíquicos como físicos pues, en realidad, todos estos diferentes aspectos forman un todo.

 

Para poder entender el papel de la sexualidad en la espiritualidad se han de superar muchas barreras psicológicas y culturales que todos tenemos en nuestras mentes y que se han desarrollado a lo largo de muchos siglos. La cultura occidental, que tiene en sus fundamentos la visión religiosa judeo-cristiana, ha despreciado y cosificado el cuerpo físico creando una dualidad entre cuerpo y mente. Este hecho ha promovido una comprensión errónea de la sexualidad que la ha convertido en un elemento más de consumo y dominación, de poder.

El cuerpo no es un elemento separado de nuestra esencia sino que es un estado de la misma.Como decía la psicoterapeuta Bernadette Blint el cuerpo es la parte más concreta de nuestro Ser.

Otra de las barreras que existe para comprender y experimentar la sexualidad dentro de nuestra vida espiritual es la confusión entre sexualidad y genitalidad. La sexualidad es la vivencia plena de nuestra existencia como seres poseedores de una capacidad sensual, de los sentidos y las sensaciones, que nos permite relacionarnos con el mundo, con el otro y con nosotros mismos. Las relaciones sexuales genitales son sólo un aspecto de esta vivencia que, sin el desarrollo de los otros aspectos sensuales y espirituales, se convierte en una expresión de nuestra limitada conciencia sobre nosotros mismos y el universo. Mientras nuestra identidad, nuestra conciencia y nuestra atención, esté centrada en nuestra identidad mental o ego, nuestras relaciones sexuales serán un reflejo de esta identificación, o sea, serán egoístas, mentales.

La espiritualidad, entendida desde la psicología Transpersonal, es el desarrollo natural de todos nuestros potenciales en tanto que seres encarnados, con un cuerpo que resulta una concreción temporal de nuestro Ser, de nuestra esencia infinita, atemporal e inmortal. Para podernos desarrollar plenamente, para poder a realizarnos como seres humanos, existe un proceso de maduración de la conciencia como existe un proceso natural de maduración del cuerpo, siguiendo un proceso que actúa en paralelo en los diferentes niveles de nuestro Ser. La aceptación y el disfrute de todos estos niveles comporta, no solo una armonía con nosotros mismos y con los otros, sino también, una armonía con nuestras dimensiones trascendentes, o sea, con el universo.

La sexualidad, desde este punto de vista, englobaría todas nuestras acciones, siendo una manera consciente de relacionarnos con el mundo, donde nuestra existencia encarnada integraría los aspectos sensuales y energéticos en una relación dinámica de intercambio con todo y con todos. No puede haber un desarrollo pleno de nuestras dimensiones humanas y espirituales que no incluya un desarrollo de nuestra dimensión como seres sexuales.

En la mayoría de las corrientes espirituales este desarrollo como seres sexuales se ha visto como algo problemático y se ha limitado o, directamente, se ha reprimido. A pesar de esto, son notables los ejemplos de algunas corrientes y algunos místicos que sí han integrado esta dimensión encarnada y sexual del ser humano, como las corrientes Tántricas del Hinduismo, el Taoismo y el Budismo, místicos como Santa Teresa de Jesús o Rumi, las prácticas chamánicas, e incluso algunas religiones paganas. La sexualidad y las relaciones sexuales se han observado desde estas tradiciones como una representación física de la unión de los principios masculinos y femeninos que se suceden en el cosmos y que son el mismo motor de la creación Divina: la unión del cielo y la tierra, de los principios receptores y creadores, de la vida y la muerte.

El resultado de estas visiones sexualizadas de la espiritualidad ha comportado la creación de técnicas y rituales donde la voluntad, la conciencia y la atención se aplican a la sexualidad permitiendo que las energías psíquicas y físicas actúen como motor del desarrollo espiritual. O sea, que mediante la realización de los aspectos sexuales en relación con el otro se produzca una unión de los aspectos trascendentes e inmanentes del universo o, si lo prefieren, de la Divinidad.

Este tipo de prácticas y experiencias siempre serán integradas dentro un trabajo espiritual y por tanto podrán ser realizadas en relación al nivel de conciencia de las personas que las realicen. Se ha de tener en cuenta que el desarrollo espiritual y la maduración psíquica van de la mano, y que por tanto deben ser armónicos y respetar los ritmos únicos de cada persona. Una práctica espiritual o una terapia que no tenga en cuenta este momento particular puede provocar el efecto contrario al deseado y romper el equilibrio psíquico. No se puede avanzar a saltos sin tener en cuenta el peligro de caerse.

1 de Septiembre del 2016

Jordi Àlvarez Carniago – Psicoterapeuta Transpersonal.

¿Quien soy yo? Identidad y psicología Transpersonal.

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(Publicado originalmente en el blog del Instituto Macuil de México: http://www.institutomacuil.com/quien-soy-yo-sobre-la-psicoterapia-transpersonal-y-la-identidad-2/ )

¿Quién soy yo?

Sobre la psicoterapia Transpersonal y la identidad.

 

Mi experiencia como buscador y ejerciendo la profesión de psicoterapeuta Transpersonal, me ha conducido a reflexionar profundamente sobre una de las preguntas más antiguas de la humanidad: ¿Quién soy yo? Esta pregunta encierra, a su vez, un montón de nuevas reflexiones, como por ejemplo: ¿Qué es la identidad? ¿Por qué soy como soy? ¿Cuál es mi lugar en el mundo?

Desde mi punto de vista, la cuestión de la identidad, es uno de los ejes alrededor del que giran muchos de los sufrimientos y problemas que tenemos las personas y que son el motivo de consulta profesional. Nuestra identidad, o sea, aquello que creemos ser, con lo que nos sentimos identificados, es el origen de muchos de los padeceres cotidianos.

Así pues, ante la pregunta “¿quién eres?”, respondemos con aquello con lo que nos identificamos por ejemplo: Soy médico, soy un paciente, soy el marido de…. Nos identificamos con un género sexual, con nuestro sufrimiento, con nuestros pensamientos, con una educación, con un pasado, con unos apellidos, con una nacionalidad, etc. Creemos que todas esas cosas definen aquello que somos, que creemos absolutamente personal, sin darnos cuenta de que la mayoría de cosas con las que nos identificamos no nos pertenecen, no son propiedad privada, si no que forman parte de la información recibida del exterior sobre quiénes somos y compartida socialmente.

Desde que nacemos nuestra identidad se construye en relación con el otro, con el otro como espejo y referencia, y así, dependiendo de las definiciones y las actitudes de los que tenemos alrededor vamos creándonos una imagen reflejada de nosotros mismos. Cualquier identidad que hemos adoptado tiene sentido solo en relación al otro y, sin embargo, resulta obvio que cada uno de nosotros es un ser único, con unas circunstancias únicas y unos potenciales únicos por desarrollar.

Precisamente, estos potenciales que poseemos se desarrollarán o no dependiendo de las ideas y actitudes que hayan definido nuestra identidad. Esta identidad que adoptamos condiciona nuestro desarrollo y no permite que sepamos quienes somos realmente, es una máscara tras la que ocultamos nuestro verdadero ser para ser aceptados y amados bajo el coste de la ignorancia de nuestra verdadera naturaleza. Un ejemplo común es cuando un hijo de una familia donde los padres y abuelos se han dedicado al ejercicio de la medicina, tiene un gran potencial para la pintura pero desdeña ese potencial porqué él pertenece a un “clan” de personas que se dedican a la medicina y se siente identificado con este, lo contrario podría suceder en una familia donde todos se dedicaron a creación artística y una vocación por la medicina.

La diferencia principal entre las diferentes corrientes de psicología existentes reside en esa visión de cuál es la identidad de las personas. En la psicología Transpersonal se observa a la persona entendiendo que, tras las máscaras o identificaciones de la persona está un ser, una esencia, tratando de expresar su potencial de inteligencia, amor y energía. Esta esencia es la verdadera naturaleza del ser humano, y está más allá de ideas, programaciones sociales o condicionamientos culturales. Cuando se actúa desde la esencia, la mente, el corazón y el cuerpo actúan en armonía consigo mismos, en un presente temporal, en un “aquí y ahora”, sin expectativas ni dependencias, consciente de la unidad con todo y con el todo.

Para poder conectar y actuar desde la esencia los seres humanos hemos desarrollado técnicas y ejercicios, durante miles de años, dentro de lo que se han llamado corrientes espirituales o místicas, así como, más recientemente, dentro de algunas corrientes de la psicología humanista y especialmente en la psicología Transpersonal. Algunas de estas técnicas son tan conocidas como la meditación, la respiración consciente, el trabajo corporal, la expresión artística o la danza estática.

El proceso para encontrar y reconocer nuestra verdadera identidad, nuestra naturaleza esencial, es un proceso de reconocimiento, observación y des-identificación de aquello que creemos ser para descubrir quiénes somos realmente.

Mi experiencia personal me llevó a experimentar que lo que soy, lo que somos, es un potencial infinito, atemporal, de inteligencia, amor y energía, una expresión única de una sola conciencia. Y tu ¿quién eres?

 

Barcelona, 12 de Mayo de 2016

Jordi Àlvarez Carniago; psicoterapeuta Transpersonal certificado y miembro de la asociación de psicología Transpersonal Europea, EUROTAS.

quien soy

 Cuerpo, corazón, mente y espíritu.

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cuerpo, corazón

Vivimos una sociedad donde el papel de la mente se ha confundido con la inteligencia, la toma de decisiones y la gestión de nuestra vida se supone que ha de ser dirigida por la mente racional y que solo mediante el pensamiento racional se puede llegar a conocer la naturaleza de la realidad. Sin duda el pensamiento racional y analítico, asociado con la funciones del hemisferio izquierdo del cerebro, es una herramienta imprescindible para poder desarrollarse en la sociedad moderna, y es gracias a él que hemos podido avanzar en muchos aspectos de nuestra vida. La tecnología, por ejemplo, es uno de los principales productos de la razón y ha cambiado nuestra cotidianidad en poco tiempo, hasta niveles antes inimaginables. Sin embargo, la preeminencia del pensamiento racional también nos ha llevado obviar otros tipos de inteligencia, así como a una desconexión con otras partes de nuestro ser que nos permiten tener un conocimiento más profundo de nosotros mismos, del mundo y de la misma realidad.

En recientes investigaciones se ha encontrado la existencia de un sistema neuronal, con más de 40.000 neuronas, en el órgano cardiaco. La existencia de este sistema neuronal nos habla de una inteligencia del corazón. Esta inteligencia cardiaca complementaría la inteligencia racional ayudando a la gestión emocional y a la toma de decisiones con un sentimiento de unidad y empatía. También otros aspectos de la mente no racionales como la intuición, la creatividad o la espiritualidad, tradicionalmente asociados con el hemisferio derecho del cerebro, han sido infravalorados. Debido al menosprecio de estos tipos de inteligencia, no se ha puesto ningún énfasis en su desarrollo ni en la importancia que tienen para la correcta toma de decisiones y la formación de la personalidad.

Otro aspecto ignorado como fuente de conocimiento es el cuerpo. El cuerpo se comunica mediante sensaciones y nos indica si realmente lo que estamos haciendo o pensando nos es placentero o doloroso, si estamos en armonía con nuestras acciones y pensamientos o, por otro lado, nos estamos obligando a actuar o pensar en contra de nuestra manera de ser. La angustia, la depresión, las enfermedades psicosomáticas, las tensiones musculares o nuestra digestión nos hablan de nuestro estado interior más allá de nuestro pensamiento. Observando al cuerpo, su posición, sus bloqueos, su sensibilidad, podemos darnos cuenta de que está pasando en nosotros a un nivel más profundo. Olvidar el cuerpo nos convierte en “cerebros con patas”, en personas que creen que son libres y actúan según su voluntad cuando en realidad siguen un programa de lo que se supone que deben hacer o pensar inculcado por la educación y la sociedad. Para poder ser libres realmente debemos aprender a escuchar todas esas partes olvidadas de nuestro ser. En ellas podemos descubrir cuál es nuestro potencial a desarrollar, nuestra auténtica personalidad. Esta personalidad profunda, es lo que en muchas tradiciones espirituales se llama alma o esencia, y constituye nuestro yo autentico, del que el cuerpo, el corazón y la mente son solo partes o expresiones. Vivir en plenitud es un viaje de auto-descubrimiento de esa esencia que nos permitirá afinar y desarrollar todas nuestras capacidades, sentir, actuar, amar y pensar inteligentemente. No somos robots siguiendo una programación, somos la consciencia del universo expresándose.

Jordi Àlvarez Carniago, Psicoterapeuta Transpersonal.

Psicología Transpersonal y creatividad

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Spirit-of-Place-By-Adam-Scott-Miller

Creatividad es la capacidad de crear, crear es el acto de expresar en pensamiento, acción u obra algo que no existía anteriormente más que en potencialidad.

En la mitología hindú se dice que todo en el universo participa de tres elementos: Sat: energía, chita: inteligencia y ananda: amor, según esta visión nosotros mismos somos una expresión de esos tres elementos. Estos tres elementos constituyen nuestra esencia. Para crear, tan solo debemos permitir que esos tres elementos se expresen a través nuestro y, al hacerlo conectamos con nuestra esencia y con el mismo universo en su acción creadora.

Somos en nuestra misma esencia un canal para la misma creación del universo, nos convertimos en el “Creador” y a la vez es en ese momento cuando realmente somos nosotros mismos en nuestra singularidad, ya que solo nosotros seriamos capaces de expresar de esa manera única en el lugar y en el momento de la creación en concreto.

En nuestra sociedad la creatividad auténtica es muy difícil de hallar. Se presenta como creaciones lo que no es nada más que una recombinación de elementos ya existentes, sin ninguna novedad real. Cada día es más difícil encontrar elementos nuevos que nos aporten una nueva visión del universo, que transformen nuestras vidas mediante la nueva experiencia. Los individuos de esta sociedad son casi incapaces de escapar de unos modelos, de unas ideas creadas por otros, limitándose a repetir esquemas, modas, opiniones, actos, como robots sin ninguna capacidad creativa. Es precisamente en este momento cuando se necesitan nuevas ideas, nuevas soluciones, nuevas experiencias que nos permitan sobrevivir ante una crisis social, política, cultural, económica y existencial o digamos espiritual creada por un salto en la capacidad de comunicarnos nunca antes dado. Por primera vez el individuo es capaz, mediante la tecnología, de conocer y comunicar a un nivel de especie, con una dimensión planetaria. Pareciera que esta capacidad adquirida nos tendría que permitir una libertad y unas posibilidades de creación infinitas, al contrario, la creación en este mundo globalizado se ha convertido en patrimonio de muy pocos. Nos venden una falsa creación, que lejos de permitirnos acceder a nuevas formas de vivir, sentir e imaginar el universo se limita a repetir infinitamente una combinatoria de viejos modelos, limitando cada vez más la verdadera creatividad, la libertad.

Para poder crear se debe unificar la esencia creativa con los elementos que conforman nuestra existencia encarnada: la energía física, los sentimientos y emociones y la inteligencia. Se tiene que abandonar el control de la mente lógica y racional para rendirse al mismo proceso creativo. La dificultad para esa entrega la representan nuestro sentido de identidad y la incapacidad para sostener unos sentimientos que se ocultan tras una máscara, un ego, que intenta agradar o actuar adecuadamente para ser aceptado. La auténtica creación no busca la aceptación, busca la expresión espontánea. Nuestra identidad egoica es conformada por una serie de patrones y modelos que esconden nuestra auténtica identidad, desde nuestro ego solo somos capaces de repetir, como ordenadores incapaces de salir de su programación, para crear debes volver a asumir que tú no eres esos programas, ni eres el hardware, tú eres el usuario.

El acto creativo auténtico es en si una vía para conectar con la esencia, con el alma y el espíritu del universo, es por este motivo que se ha considerado el arte una forma de espiritualidad. El proceso de situarte en tu identidad auténtica, de conectar con tu esencia, pasa por modificar el funcionamiento de tu mente, por permitir la expresión de tu auténtica realidad, fuera del tiempo lineal, en un “aquí y ahora”.

Los primeros actos creativos de la humanidad eran considerados sagrados y la persona que se expresaba creativamente era también el que era capaz de conectar con las dimensiones superiores, con el mundo de los espíritus, con el “más allá”. Estas personas, eran consideradas a la vez, guías, maestros, sanadores, maestros del fuego, músicos, actores, sacerdotes y místicos, fueron los autores (o seguramente autoras) de las pinturas rupestres, del descubrimiento del manejo del hierro, de los usos de la plantas medicinales, de los conocimientos sobre la agricultura y la ganadería, de la observación de las estrellas, de todo aquello que ha sido esencial para el desarrollo de la humanidad tal y como la conocemos.

Estos primeros autores y autoras tienen en los chamanes de las culturas indígenas a sus descendientes directos, pues ellos continúan utilizando las mismas técnicas con el mismo sentido que nuestros antepasados lo hicieron. El chamán, en sus múltiples expresiones culturales y temporales, ha sido y es aquel que dedica su vida a la creación para la supervivencia, el mantenimiento y el desarrollo de su comunidad. La principal habilidad del chamán consiste en el conocimiento de cómo relacionarse con ese otro mundo, más allá del mundo físico, y desprenderse de su yo terrenal, para obtener los secretos que le permitirán ejercer sus múltiples funciones para el bien de la comunidad.

La psicología Transpersonal bebe de esa sabiduría ancestral que poseen los chamanes, es una herramienta para conectar con tu esencia, que, mediante el uso de las técnicas para la modificación de la consciencia, permite que surja la creatividad y la espontaneidad de tu ser profundo. En ese sentido, y a modo de ejemplo, a finales de los años 60 del siglo XX el psicólogo James Fadiman realizó un programa experimental para el desarrollo de la creatividad. En él se ofrecía a profesionales de distintas áreas (médicos, diseñadores, artistas, químicos, etc.) encuentros donde se les facilitaban técnicas para la modificación de la consciencia, herramientas de expresión y un ambiente para que interactuaran entre ellos, el único requisito que se les pedía es que aportaran un problema con el llevaran trabajando más de un mes. El resultado de aquellos experimentos fue muy satisfactorio y de esas sesiones salieron decenas de nuevas patentes.

Así pues, la psicología Transpersonal no solo es una disciplina terapéutica si no que al explorar el desarrollo del potencial existente en el ser humano podría suponer una herramienta, no solo para la solución a unos problemas creativos individuales, si no para el descubrimiento de alternativas y respuestas a las cuestiones que aquejan a toda la humanidad en este momento.

Barcelona, 31 de Julio del 2015.

Jordi Àlvarez, Psicoterapeuta Transpersonal.