Archivos Mensuales: marzo 2015

Hacia una vida espiritual encarnada

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one-angeles-moreno-yoga-inspired-art-01Hacia una vida espiritual encarnada

Por: Jordi Àlvarez Carniago, psicoterapeuta Transpersonal.

Este artículo es un comentario a modo de resumen del ensayo titulado ¿Qué significaría vivir una vida espiritualmente encarnada? escrito por el psicólogo y teórico de la psicología Transpersonal catalán afincado en California Jorge Ferrer1. Desde mi punto de vista, es una de las propuestas más interesantes y novedosas que han aparecido dentro del panorama filosófico-espiritual y de la psicología Transpersonal, que abre las puertas a una visión más completa del ser humano y de la misma espiritualidad que ha resonado con mi propia visión. He creído que era interesante realizar este resumen que comprime y simplifica el ensayo (que puede encontrarse completo en la red) para hacerlo más accesible y permitir el debate.

En él, Jorge Ferrer, propone “la tarea de una ‘hermenéutica creativa e interreligiosa’ que con libertad teje juntas hebras de diferentes tradiciones religiosas y hasta incluso propone alguna revisión a la luz de la comprensión espiritual contemporánea” para comprender y desarrollar el término: Espiritualidad encarnada.

¿Qué es una espiritualidad encarnada?

La espiritualidad encarnada es un planteamiento de integración de los aspectos físicos, sensuales y hasta sexuales en la práctica de la búsqueda espiritual, la posibilidad de la participación de las energías físicas como medio de expresión del Misterio. Esta propuesta podría parecer innecesaria si no fuera porque en las diferentes tradiciones espirituales el aspecto físico sensual ha sido muy a menudo menospreciado e incluso considerado peligroso para el desarrollo espiritual y han puesto énfasis en el desarrollo de los aspectos más sutiles como el corazón o la mente.

Existen múltiples ejemplos de esta tendencia “desencarnada” de muchas escuelas espirituales que consideran el cuerpo como caída u origen del sufrimiento y la aspiración de una consciencia más allá del mundo físico, una evolución del Ser hacia los aspectos trascendentes rechazando la experiencia inmanente, o dentro del cuerpo. Aunque  algunas de estas tradiciones consideren el cuerpo como vehículo o forma de expresión del espíritu, suelen observarlo como una vía inferior al servicio de un fin superior donde la encarnación es trascendida o sublimada.

Sin embargo una integración del cuerpo no está en contradicción de una sublimación del mismo, más bien se trataría de complementar las vías ascendentes con las vías descendentes, la energía que se eleva hacia los niveles superiores es complementaria con la energía que desciende de estos mismos niveles dando lugar a nuestra existencia en el plano físico. Una espiritualidad encarnada plena “emerge del interjuego creativo entre ambas energías espirituales trascendente e inmanente en el seno de individuos completos, que abrazan la completitud de la experiencia humana a la vez que permanecen firmemente enraizados en lo corporal y lo terreno (Ferrer)”

El concepto “espiritualidad encarnada” surge de una visión de evolución dinámica y constante de la búsqueda espiritual en el ser humano donde podemos haber alcanzado la madurez suficiente para poder integrar los aspectos físicos, sin perdernos, superando antiguos planteamientos  dualistas y represores, que aunque en su momento y contexto tuvieran sentido, hoy nos limitan.

El Cuerpo viviente

Desde la espiritualidad encarnada la búsqueda se transforma en un camino para ser seres humanos completos, donde el desarrollo total de nuestros potenciales nos permitiría expresar el espíritu sobre la tierra y ser agentes de transformación del mundo. Nuestro cuerpo es la parte más concreta y viva del espíritu y escuchándolo, comprendiéndolo y disfrutándolo podemos escuchar, comprender y disfrutar el espíritu. Él es la fuente de la que surgen y se manifiestan las experiencias espirituales, sin su calidad física estas tienden a convertirse en ideas y teorías insustanciales.

El cuerpo es la representación viviente y tangible del espíritu creativo, inteligente y amoroso en este plano de existencia, un microcosmos que es el perfecto reflejo del macrocosmos, pues son una misma cosa en un desarrollo fractal. Reconocer su naturaleza divina es reconocer la existencia viva de la divinidad. Gracias a nuestra existencia física y material los aspectos más sutiles pueden ser trabajados y purificados y así contribuir a la expresión plena de la conciencia de manera duradera.

Rasgos de una espiritualidad encarnada

  1. Tendencia a integrar: Busca integrar todos los atributos humanos sin dualidades o jerarquías. La búsqueda de una “liberación” no solo de la mente si no también del cuerpo y del mundo, no seremos totalmente libres hasta que todos nuestros aspectos lo sean.
  2. Realización a través del cuerpo: Consciencia de la dimensión espiritual del cuerpo y del contacto con los otros. Un desarrollo del crecimiento espiritual donde cada aspecto, energía, amor e inteligencia, se apoyan unos sobre los otros. La confianza en la sabiduría del cuerpo como maestro vital en nuestro desarrollo.
  3. Despertar del cuerpo: Una acción fluida que permita que nuestra capacidad de respuesta a las energías inmanentes y trascendentes se expresen sin pasar por el pensamiento. El despertar consciente de todo el potencial físico.
  4. Resacralización de la sexualidad y del placer sensual: El cuerpo y sus energías constituyen el terreno básico para la expresión creativa e innovadora del espíritu, el sexo y la vitalidad son un puente entre el potencial creativo y su expresión en el mundo. Es por eso que es tan importante vivir la sexualidad desde una perspectiva sagrada, como una vía para que el espíritu, mediante los instintos primarios espontáneos, libre de represiones y condicionamientos pueda ser vivido de manera inmanente. Más allá de la visión de las corrientes espirituales que han considerado el placer sexual como pecaminoso o peligroso para el desarrollo espiritual, la sexualidad, vivida de manera no narcisista, permite que el cuerpo se relaje y se vuelva más “poroso” para que la energía espiritual circule y se manifieste tanto inmanentemente como de forma trascendente. El sexo desde este punto de vista constituye un atractor de la consciencia que ayuda a la encarnación y enraizamiento, que rompe la dicotomía entre el amor sensual y el amor divino y plantea un amor humano auténtico e incondicional a la vez espiritual y encarnado.
  5. La urgencia creativa: La mayoría de tradiciones espirituales y religiosas, a excepción de los místicos heréticos, han desarrollado unas prácticas que tienen como eje la repetición de actos o eventos cosmogónicos que pretenden guiar a los practicantes hacia unos estados de conciencia que consideran deseables y correctos para el desarrollo espiritual. En la espiritualidad encarnada la espontaneidad creativa del cuerpo, inmanente, puede conducir a un desarrollo original e innovador del misterio del espíritu encarnado, generando unas prácticas no guiadas por la repetición si no por la expresión, hacia una vida espiritual más creativa.
  6. Visiones espirituales enraizadas: En la mayoría de las tradiciones espirituales se postula el reflejo de la realidad humana con el cosmos y el misterio. Siendo así para conocer estas realidades “superiores” de manera más completa es necesario conocer al máximo la realidad humana y encarnada, cuanto más experimentemos todas las dimensiones humanas desde el punto de vista espiritual más cualidades podremos conocer de las dimensiones del misterio y mayor será el enraizamiento, coherencia o sintonía de nuestro conocimiento en el desenvolvimiento constante del Misterio. Las visiones que proponen las dimensiones orgánicas como inferiores pudiera ser que se derivaran de estados del Ser más sutiles desde los que el cuerpo y la existencia física se vivieran como imperfectos o superficiales. Sin embargo como propugnan algunas tradiciones es posible que esta visión trascendente sea fruto de estados intermedios del Ser y que superados estos estados toda la realidad se pueda observar la totalidad como parte del mismo misterio. Cuando se unifican la visión trascendente y la visión inmanente, el cuerpo y el mundo se tornan realidades espiritualmente significativas y esenciales para el desarrollo del espíritu tanto humano como cósmico.
  7. Naturaleza intramundana: Si el hecho de nacer en la tierra no es considerado como irrelevante, un error o el fruto de un delirante juego cósmico, la existencia en este plano material ha de ser vivido como significativo y lleno de sentido. Aunque en ciertas etapas de nuestro crecimiento espiritual debamos ir más allá del cuerpo, no se puede considerar el fin último y único camino del desarrollo. La concepción trascendental de la espiritualidad comporta consecuencias como la desvitalización corporal, desarrollo emocional o interpersonal coartado, o falta de discriminación en torno al comportamiento sexual, como les sucede a muchos maestros espirituales. El cuerpo y la tierra son nuestro hogar, y es en él donde podemos sentirnos acogidos y protegidos para poder desarrollar como humanos toda la plenitud del misterio, toda la plenitud de ser absolutamente humanos y a la vez expresión del misterio. La tierra es un lugar donde coexisten materia y conciencia, un maravilloso organismo vivo del cual nosotros también formamos parte, un paraíso que solo puede ser observado como tal si se llega a estar integrado orgánicamente él, totalmente encarnados.
  8. Resacralización de la naturaleza: El vivir el cuerpo como nuestro hogar nos permite sentir la tierra y la naturaleza como un elemento maternal. Esto nos permite romper con una vida encarnada a medias y angustiosa. Conectar con una espiritualidad inmanente comporta percibir toda vida orgánica como una emanación del Misterio, un abrazo a la naturaleza que nos ofrece sus recursos para nuestro crecimiento espiritual, una vida espiritual enraizada ecológicamente.
  9. Compromiso social: Una espiritualidad encarnada acoge por igual al mundo humano y el no humano que conlleva un compromiso de transformación tanto interior como exterior. Esto se ve reflejado en un trabajo paralelo para la transformación personal y social, política y ecológica, tome este trabajo la forma que tome, desde la meditación global hasta el activismo.
  10. Integración de materia y consciencia: En contraste a la visión de muchas tradiciones espirituales que tratan de trascender, regular o transformar la realidad encarnada, el espiritualidad encarnada rompe con el antagonismo entre materia, cuerpo y espíritu mostrándonos una realidad material que es parte del Misterio en su dimensión inmanente. La espiritualidad encarnada busca una integración progresiva de materia y consciencia, lo que en última instancia puede llevarnos a un estado que denominaríamos de ‘materia consciente’. Alcanzar esta integración nos podría conducir a descubrir potenciales del cuerpo que son descritos por las tradiciones espirituales de todo el mundo, como podría ser una longevidad extraordinaria o capacidades más allá de lo “normal”.

Unas palabras finales

En cualquier estudio sobre el misticismo, en todos los lugares y épocas, se puede observar que el deseo de trascendencia del ser humano ha sido en muchas ocasiones un camino que, en pos de la liberación de la consciencia, ha implicado “un infradesarrollo, una subordinación, o un control de atributos humanos esenciales como el cuerpo o la sexualidad (Ferrer)”. Este resumen (ni el ensayo) no tiene como objetivo el desvalorizar estos caminos, que pudieron tener su legitimidad en su contexto, si no poner de manifiesto lo difícil que es encontrar en la historia una espiritualidad encarnada o integrativa en su plenitud.

En segundo lugar, este ensayo propone la posibilidad de una espiritualidad más encarnada, basada en la integración de los aspectos sutiles con los aspectos más energéticos y sensuales del cuerpo y del mundo. La aparición de una espiritualidad enraizada en el cuerpo que permita que las dimensiones trascendentes se unifiquen con las dimensiones inmanentes en la realización del espíritu en la tierra y la consecución de un ser humano completo que no solo transforme su consciencia si no que, con sus actos, transforme la misma vida en el planeta.

Por último, la espiritualidad encarnada puede ser una vía de conocimiento sobre el mundo y sobre uno mismo a través de un compromiso creativo, un camino occidental de una práctica que unifique y transforme el cuerpo y el espíritu, lo interior y lo exterior, en definitiva el cielo y la tierra. Esto abre la posibilidad a una encarnación doble de lo trascendente y lo inmanente que conduzca a una evolución gradual de la consciencia, del ser humano y del mismo planeta que permita una encarnación del cielo en la tierra, “quizás un lugar único en el cosmos donde los seres puedan aprender a expresar, y a recibir, amor encarnado, en todas sus formas (Ferrer)”.

  1. Jorge N. Ferrer dirige el Departamento de Psicología Oriental y Occidental en el California Institute of Integral Studies, San Francisco, California. Es miembro del consejo editorial de The Journal of Transpersonal Psychology. Desde 2009 es consejero de la organización Religiones para la Paz en las Naciones Unidas, en un proyecto centrado en la resolución del conflicto interreligioso global. Es autor de Espiritualidad creativa: una visión participativa de lo transpersonal y de una monografía de ReVision sobre New horizons in contemporary spirituality. Nacido en Barcelona, recibió el Fetzer Institute’s Presidential Award en 2000 por sus estudios sobre la conciencia.
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