Sexualidad y espiritualidad

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En el contexto de la búsqueda moderna y occidental del crecimiento personal, la sexualidad en relación con la espiritualidad se ha convertido en un nuevo foco de interés para los vendedores y consumidores de cursos y soluciones rápidas, o sea, en un producto más a ser consumido. Como antes ocurrió con la meditación o el Yoga, la sexualidad está siendo aprovechada por supuestos maestros y terapeutas para aumentar sus ingresos promoviendo, en el mejor de los casos, la desilusión o la confusión, y en el peor, el rechazo o el fraude.

En este breve artículo intentaré arrojar un poco de luz sobre el tema. Para hacerlo he revisado numerosos documentos que he encontrado al respecto, tanto académicos como de nivel más popular, pero he encontrado muy poco material serio e interesante. De modo que voy a basarme principalmente en mis conocimientos como psicoterapeuta Transpersonal y estudioso de la espiritualidad y la conciencia, así como en mis experiencias y prácticas espirituales.

Hablemos de sexualidad o de cualquier otra cosa, el principal problema cuando se aborda el tema de la espiritualidad es delimitar el significado de este término, ya que no existe una sola definición: cada escuela o corriente entiende la espiritualidad de una manera diferente. Observado desde las diferentes visiones, la finalidad y, por tanto, la práctica del llamado camino espiritual tienen infinitud de matices y objetivos. Es por este hecho que partiré del punto de vista mucho más básico y general de la psicología Transpersonal, que pretende favorecer el desarrollo espiritual de la persona sea cual sea su orientación espiritual o religiosa.

El primer referente que acude a mi mente al respecto del desarrollo psicológico de la sexualidad es Wilhem Reich. Este controvertido médico y psicólogo discípulo de Freud fue el primero que planteó la importancia de un desarrollo sano y amplio de la sexualidad como elemento básico de un desarrollo de la salud psíquica. Reich, en sus trabajos e investigaciones, observó la relación entre la represión sexual y la neurosis, así como su correspondencia corporal, implementando por primera vez en la historia una teoría de la energía bio-psíquica. Por ello es considerado el padre de la bioenergética, disciplina que fue más tarde ampliada y convertida en una terapia corporal por Alexander Lowen. Curiosamente, sus observaciones en el trabajo clínico condujeron a Reich a definir la relación entre la energía sexual y vital y la psique en términos muy similares a como lo veían las tradiciones espirituales de oriente.

El cuerpo, las emociones y la mente son un todo que fluye en una constante interrelación de elementos, no puede existir una armonía mental si no existe una armonía con el cuerpo y las emociones. Por tanto no puede haber un desarrollo de la conciencia, de la espiritualidad, si no existe una armonía en todos los niveles tanto psíquicos como físicos pues, en realidad, todos estos diferentes aspectos forman un todo.

 

Para poder entender el papel de la sexualidad en la espiritualidad se han de superar muchas barreras psicológicas y culturales que todos tenemos en nuestras mentes y que se han desarrollado a lo largo de muchos siglos. La cultura occidental, que tiene en sus fundamentos la visión religiosa judeo-cristiana, ha despreciado y cosificado el cuerpo físico creando una dualidad entre cuerpo y mente. Este hecho ha promovido una comprensión errónea de la sexualidad que la ha convertido en un elemento más de consumo y dominación, de poder.

El cuerpo no es un elemento separado de nuestra esencia sino que es un estado de la misma.Como decía la psicoterapeuta Bernadette Blint el cuerpo es la parte más concreta de nuestro Ser.

Otra de las barreras que existe para comprender y experimentar la sexualidad dentro de nuestra vida espiritual es la confusión entre sexualidad y genitalidad. La sexualidad es la vivencia plena de nuestra existencia como seres poseedores de una capacidad sensual, de los sentidos y las sensaciones, que nos permite relacionarnos con el mundo, con el otro y con nosotros mismos. Las relaciones sexuales genitales son sólo un aspecto de esta vivencia que, sin el desarrollo de los otros aspectos sensuales y espirituales, se convierte en una expresión de nuestra limitada conciencia sobre nosotros mismos y el universo. Mientras nuestra identidad, nuestra conciencia y nuestra atención, esté centrada en nuestra identidad mental o ego, nuestras relaciones sexuales serán un reflejo de esta identificación, o sea, serán egoístas, mentales.

La espiritualidad, entendida desde la psicología Transpersonal, es el desarrollo natural de todos nuestros potenciales en tanto que seres encarnados, con un cuerpo que resulta una concreción temporal de nuestro Ser, de nuestra esencia infinita, atemporal e inmortal. Para podernos desarrollar plenamente, para poder a realizarnos como seres humanos, existe un proceso de maduración de la conciencia como existe un proceso natural de maduración del cuerpo, siguiendo un proceso que actúa en paralelo en los diferentes niveles de nuestro Ser. La aceptación y el disfrute de todos estos niveles comporta, no solo una armonía con nosotros mismos y con los otros, sino también, una armonía con nuestras dimensiones trascendentes, o sea, con el universo.

La sexualidad, desde este punto de vista, englobaría todas nuestras acciones, siendo una manera consciente de relacionarnos con el mundo, donde nuestra existencia encarnada integraría los aspectos sensuales y energéticos en una relación dinámica de intercambio con todo y con todos. No puede haber un desarrollo pleno de nuestras dimensiones humanas y espirituales que no incluya un desarrollo de nuestra dimensión como seres sexuales.

En la mayoría de las corrientes espirituales este desarrollo como seres sexuales se ha visto como algo problemático y se ha limitado o, directamente, se ha reprimido. A pesar de esto, son notables los ejemplos de algunas corrientes y algunos místicos que sí han integrado esta dimensión encarnada y sexual del ser humano, como las corrientes Tántricas del Hinduismo, el Taoismo y el Budismo, místicos como Santa Teresa de Jesús o Rumi, las prácticas chamánicas, e incluso algunas religiones paganas. La sexualidad y las relaciones sexuales se han observado desde estas tradiciones como una representación física de la unión de los principios masculinos y femeninos que se suceden en el cosmos y que son el mismo motor de la creación Divina: la unión del cielo y la tierra, de los principios receptores y creadores, de la vida y la muerte.

El resultado de estas visiones sexualizadas de la espiritualidad ha comportado la creación de técnicas y rituales donde la voluntad, la conciencia y la atención se aplican a la sexualidad permitiendo que las energías psíquicas y físicas actúen como motor del desarrollo espiritual. O sea, que mediante la realización de los aspectos sexuales en relación con el otro se produzca una unión de los aspectos trascendentes e inmanentes del universo o, si lo prefieren, de la Divinidad.

Este tipo de prácticas y experiencias siempre serán integradas dentro un trabajo espiritual y por tanto podrán ser realizadas en relación al nivel de conciencia de las personas que las realicen. Se ha de tener en cuenta que el desarrollo espiritual y la maduración psíquica van de la mano, y que por tanto deben ser armónicos y respetar los ritmos únicos de cada persona. Una práctica espiritual o una terapia que no tenga en cuenta este momento particular puede provocar el efecto contrario al deseado y romper el equilibrio psíquico. No se puede avanzar a saltos sin tener en cuenta el peligro de caerse.

1 de Septiembre del 2016

Jordi Àlvarez Carniago – Psicoterapeuta Transpersonal.

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  1. Gracias Jordi por la contribución de tu enfoque. Sin duda super valiosos los aportes de Reich, como también de su hija Eva; el de Pierrakos; la escuela de Biosíntesis de David Boadella o las de Sensopercepción que nos permiten abrir espacios corporales y atravesar los acorazamientos a los que nos somete la cultura minuto a minuto. Claro que también soy fan de Stan Grof y su maravilloso trabajo de Respiración Holotropica.

  2. Muy cierto y oportuno tu artículo, me parece interesante resaltar la importancia de un equilibrio, que no somos un cuerpo fragmentado, sino un todo integrado y en perfecta armonía. también el elemento de saber que en todo esto hay un proceso, un tiempo y un ritmo que seguir.

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