Cuerpo, corazón, mente y esencia.

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Vivimos una sociedad donde el papel de la mente se ha confundido con la inteligencia, la toma de decisiones y la gestión de nuestra vida se supone que ha de ser dirigida por la mente racional y que solo mediante el pensamiento racional se puede llegar a conocer la naturaleza de la realidad. Sin duda el pensamiento racional y analítico, asociado con la funciones del hemisferio izquierdo del cerebro, es una herramienta imprescindible para poder desarrollarse en la sociedad moderna, y es gracias a él que hemos podido avanzar en muchos aspectos de nuestra vida. La tecnología, por ejemplo, es uno de los principales productos de la razón y ha cambiado nuestra cotidianeidad en poco tiempo, hasta niveles antes inimaginables. Sin embargo, la preeminencia del pensamiento racional también nos ha llevado obviar otros tipos de inteligencia, así como a una desconexión con otras partes de nuestro ser que nos permiten tener un conocimiento más profundo de nosotros mismos, del mundo y de la misma realidad.

En recientes investigaciones se ha encontrado la existencia de un sistema neuronal, con más de 40.000 neuronas, en el órgano cardiaco. La existencia de este sistema neuronal nos habla de una inteligencia del corazón. Esta inteligencia cardiaca complementaría la inteligencia racional ayudando a la gestión emocional y a la toma de decisiones con un sentimiento de unidad y empatía. También otros aspectos de la mente no racionales como la intuición, la creatividad o la espiritualidad, tradicionalmente asociados con el hemisferio derecho del cerebro, han sido infravalorados. Debido al menosprecio de estos tipos de inteligencia, no se ha puesto ningún énfasis en su desarrollo ni en la importancia que tienen para la correcta toma de decisiones y la formación de la personalidad.

Otro aspecto ignorado como fuente de conocimiento es el cuerpo. El cuerpo se comunica mediante sensaciones y nos indica si realmente lo que estamos haciendo o pensando nos es placentero o doloroso, si estamos en armonía con nuestras acciones y pensamientos o, por otro lado, nos estamos obligando a actuar o pensar en contra de nuestra manera de ser. La angustia, la depresión, las enfermedades psicosomáticas, las tensiones musculares o nuestra digestión nos hablan de nuestro estado interior más allá de nuestro pensamiento. Observando al cuerpo, su posición, sus bloqueos, su sensibilidad, podemos darnos cuenta de que está pasando en

nosotros a un nivel más profundo. Olvidar el cuerpo nos convierte en “cerebros con patas”, en personas que creen que son libres y actúan según su voluntad cuando en realidad siguen un programa de lo que se supone que deben hacer o pensar inculcado por la educación y la sociedad. Para poder ser libres realmente debemos aprender a escuchar todas esas partes olvidadas de nuestro ser. En ellas podemos descubrir cuál es nuestro potencial a desarrollar, nuestra auténtica personalidad. Esta personalidad profunda, es lo que en muchas tradiciones espirituales se llama alma o esencia, y constituye nuestro yo autentico, del que el cuerpo, el corazón y la mente son solo partes o expresiones. Vivir en plenitud es un viaje de auto-descubrimiento de esa esencia que nos permitirá afinar y desarrollar todas nuestras capacidades, sentir, actuar, amar y pensar inteligentemente. No somos robots siguiendo una programación, somos la consciencia del universo expresándose.

Jordi Àlvarez Carniago, Psicoterapeuta Transpersonal.

 

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