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La modificación de los estados de conciencia.

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terapia Tambor

El estado “normal” de conciencia en realidad no existe. Durante el día vamos atravesando diferentes estados de conciencia, así el estado de conciencia recién levantado es muy diferente del que se tiene a las siete de la tarde o antes de ir a dormir. Para entender qué significa una alteración de la conciencia primero debería entenderse que significa esa conciencia. La conciencia es una capacidad de atención sobre uno mismo y el entorno que es diferente para cada uno aunque culturalmente hemos construido una realidad consensuada mediante un sesgo cultural. Esa conciencia sobre uno mismo y la realidad es lo que constituye la identificación de los elementos sensitivos y personales sobre que creemos que somos (elementos internos) y con que nos relacionamos (elementos externos). La identificación de esos elementos y la verificación constante de ellos es lo que permite la creación personal del estado de atención o “normal”. Cualquier alteración de esos elementos, cambia el estado de conciencia. Cuando mayor es la alteración mayor es el cambio de conciencia. Un ejemplo: si cierras los ojos y te estiras, tu percepción de la realidad varía, del mundo exterior hacia el mundo interior, de la posición vertical a la horizontal, si permaneces relajadamente en ese estado tu conciencia variará hacia otro estado: el sueño. Existen muchas maneras de variar la percepción de la conciencia, desde observar la respiración, la contemplación sostenida interna o externa, el aislamiento o la saturación de los elementos sensitivos (por ejemplo mediante una cámara de aislamiento sensorial, el sonido de un tambor repetitivo o una “cuna de bruja”), la variación del equilibrio químico del cerebro (sustancias, hiperventilación, hipoventilación), la variación emotiva (ver una película o enterarse de la muerte de una persona allegada), el movimiento o la quietud corporal y muchos más. Todas la técnicas de modificación de la conciencia o de “éxtasis” (fuera de ti) que se han desarrollado a lo largo de miles de años, desde la meditación, la danza trance o la máquinas de estimulación neuronal, han tenido y tienen el mismo fin: la deconstrucción de esa percepción de la identidad interna/externa. Recomiendo el libro “States of counciesness” de Charles T.Tart para profundizar en el tema.

Jordi Àlvarez, Psicoterapeuta Transpersonal.

Barcelona 25 de Julio de 2015

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Comentarios Transpersonales 2

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Segunda entrega de comentarios extraídos de mi participación en la red social de Linkedin. Espero que os resulten interesantes.

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La adolescencia.

– La adolescencia, en sí, es una construcción social de la cultura occidental. Si observamos otras sociedades, o incluso la sociedad occidental hace unas décadas, se puede ver que la adolescencia no existía de manera natural, o eras un niño o eras adulto. La adolescencia permite un tiempo (que cada vez se alarga más) donde la norma es la irresponsabilidad y la búsqueda hedonista, circunstancias que promueven el consumo y la falta de participación social y política. Este invento que tanto beneficia al mercado y al sistema político de dominación, es solo para unos cuantos que se lo pueden permitir por la situación económica de sus familias, muchos quedan excluidos pues deben empezar a asumir responsabilidades de supervivencia desde muy jóvenes.
El elemento que ha desaparecido en nuestra sociedad occidental, para crear la adolescencia, es lo que se dad a llamar ritos de paso, donde la identidad de niño moría y dejaba paso a la identidad adulta. En estos ritos de paso se enseñaba cuales eran las nuevas responsabilidades y derechos, así como cual era el sentido sagrado de la vida. Estos eran rituales social-religiosos donde incluso se cambiaba el nombre de la persona, y solían incluir el viaje iniciático y las técnicas de modificación de la consciencia. La ausencia de estos ritos y la invención de ese periodo de identidad confusa que hemos llamado adolescencia crea un vacío espiritual profundo en las personas y un problema de identidad.
Por otra parte, la adolescencia, aparece como un agravio comparativo, que es difundido masivamente por los medios de comunicación entre los que pueden “disfrutar” de ese tiempo de irresponsabilidad hedonista y consumista, y aquellos que no, creando frustración, ira y una conciencia de marginación social. Creo que es aquí donde aparece en los jovenes la respuesta anti-social, la agresividad, la depresión, la frustración y el desprecio hacia la autoridad.
Es la sociedad la que está falta de valores y se sustenta en el materialismo hedonista e irresponsable, donde solo unos pocos disfrutan de los beneficios a costa de la mayoría. El invento del adolescente es una muy útil herramienta para la dominación, el consumismo y la injusticia.
Vivimos una sociedad donde la no aceptación de la muerte y de nuestra responsabilidad hacia la misma vida genera el deseo infinito, el deseo de ser adolescentes por siempre: forever young.

– Decía Martin Luther King “si uno ha de adaptarse a una sociedad enferma yo me declaro un inadaptado”. El fin de la niñez empieza con la toma de conciencia y las preguntas sobre muchos temas, el sexo, la espiritualidad, el orden social, la justicia, acompañados de una gran energía y decisión. En la sociedad donde nos encontramos los jóvenes no encuentran respuesta a la mayoría de sus preguntas y es fácil para ellos observar la falta de sentido y la hipocresía del sistema. Es muy difícil para ellos respetar una mentira evidente y que a demás no ofrece ninguna respuesta a tus angustias y necesidades más profundas. Esa “clarividencia” de la juventud ha sido el motor del cambio en todas las sociedades humanas, una energía de, búsqueda, transformación y protesta. Es fácil ver en la historia reciente de occidente como los gobernantes y fuerzas sociales establecidas han utilizado o condenado las personas en ese momento de su vida dependiendo de sus intereses, como mano de obra, soldados o como delincuentes y marginados. A mayor grado de sinsentido social siempre ha correspondido un aumento de la violencia y un mayor enfrentamiento contra el orden social establecido.
Desde mi punto de vista la respuesta de los jóvenes ante su situación social e histórica y la respuesta que dan sus sociedades, son un indicador del grado de conciencia y del equilibrio que se da en estas. En nuestra sociedad la respuesta no es positiva, y ante las reclamaciones y necesidades de este sector de la sociedad se reacciona de manera coherente con el nivel de conciencia del sistema, criminizándolos y patologizándolos. Creo que hace falta una visión más amplia, una visión Transpersonal, para poder observar y actuar sin juicio, con amor, sabiduría y comprensión, y poder canalizar esta energía y angustia de la juventud, escuchando lo que nos está diciendo de nosotros mismos, y aprovechar un momento de crisis como lo que realmente es: una oportunidad de maduración de la conciencia.

La maldad.

– Somos una conciencia, la maldad es la ignorancia, el error mediante el cual la conciencia se puede mostrar como acierto. No hay nada que no pueda ser transformado por la conciencia y el amor, sin oscuridad no sabríamos que es la luz. No existe el mal absoluto.

La identidad.

– La estructura de la personalidad que se forma en los primeros años de vida (sino antes) va creando una identidad que sufre donde nuestro yo-niño sigue reclamando y sintiendo las carencias de afecto, protección y aceptación. Creo que se ha de profundizar en esa identidad herida para comprender como se han creado las defensas y apegos que finalmente resultan la identidad adulta o máscara. Solamente entendiendo y actualizando ese sentir infantil se puede empezar a reconocer una identidad más profunda, y que no está dañada, pues es una conciencia de Ser atemporal, infinita e inmortal. Cuando la identidad adulta puede así retirarse (que no desaparecer) poco a poco, va dejando paso a esa identidad trascendente liberándose del sufrimiento y abriendo las puertas de la experiencia Transpersonal.

 Las crisis.

– Desde el punto de vista de la psicología Transpersonal, las crisis son una puerta y un llamado a la transformación y al crecimiento espiritual. Nuestro Ser o identidad profunda utiliza la ansiedad y la depresión como herramientas para evitar males mayores y darnos la oportunidad de reconsiderar nuestro camino en la vida cuando la identificación con el Ego está dañándonos y no somos capaces de darnos cuenta. De hecho en este punto es fácil ver la diferencia entre la psicología Transpersonal y las otras corrientes de psicología, pues la interpretación y el tratamiento de una patología neurótica común difieren en tanto se tiene una concepción diferente de la identidad y de sentido de la vida del ser humano. En el caso de la psicología Transpersonal no se trata de sanar el Ego si no de ir más allá de él, y transformar el eje y los valores de vida que provocan la neurosis hacia una consciencia más amplia de la propia identidad.

El “mindfulness”.

– La meditación de atención plena, como muchas otras técnicas de modificación de la consciencia como la respiración holotrópica (hiperventilación evocativa) o incluso el yoga, son caminos de auto-indagación que originalmente fueron diseñados para el despertar de la conciencia. El proceso de despertar es un camino espiritual que requiere de una madurez y un trabajo psicológico paralelo para no perderse o llegar a puntos de donde no se sabe salir. Actualmente el mindfulness como otras técnicas se han convertido en occidente en “modas” y son vendidas en ocasiones como panaceas desubicadas de su contexto original de crecimiento espiritual. En sus raíces la transmisión y el aprendizaje de las técnicas y sus consecuencias solo era permitido a personas con una larga carrera de dedicación y un compromiso espiritual probado de Maestro a Maestro, pues solo el que conocía por su propia experiencia todo el recorrido podía enseñar el camino. La prisa, la inmediatez, la falta de paciencia de humildad y de profundización son males de nuestra cultura occidental, capitalista y materialista y como siempre es capaz de transformar en producto comercial cualquier cosa, incluso la espiritualidad.

TDAH?.

– Estamos viviendo un momento donde el poder de las multinacionales farmacéuticas y el afán de lucro está convirtiendo las actitudes naturales de los niños en patologías. Cada niño es un ser único que debería ser aceptado y amado incondicionalmente como tal, no podemos esperar que se adapten a las necesidades de los padres, la escuela o la sociedad sin expresarse o sin resistirse a la homogeneización.

La ciencia y la espiritualidad.

– Desde mi punto de vista ciencia y espiritualidad son dos caras de la misma moneda, ambas hablan de la experiencia y la consciencia, una desde el aspecto racional intenta hacer poesía lógica de la experiencia, la otra desde la visión intenta racionalizar poéticamente la experiencia. Ciencia: conciencia de la experiencia, Espiritualidad: experiencia de la conciencia, dos aspectos del Ser encarnado en todo y en todos. Complementarios y opuestos o ¿una sola cosa? Dos caminos para llegar a integrar la relación entre el mundo interior y el mundo exterior, observación y presencia, acción y reposo, yo y el todo. Ambas vacías de Amor, compasión y humildad dejan de ser sabiduría para convertirse en ignorancia, en dogma, en religión ciega, en dominación. Sin vida la conciencia es muerte, sin experiencia la conciencia es nada.

La personalidad.

– La personalidad es el resultado de la identificación errónea con nuestros pensamientos. Está formada como consecuencia de los conceptos que aprendimos y que nos dañaron, como una defensa emocional y un intento mental de ser amados y aceptados como realmente somos. El volver al Ser y desmontar la personalidad es un proceso de aceptación, perdón y reeducación que debe ser gradual, cuidadoso y con amor para no sentirse abrumado por el dolor y la desesperación

La falsa felicidad.

– El ego busca la felicidad temporal para huir de la angustia. El motor de esa búsqueda son las ilusiones y los deseos, la tristeza aparece cuando esos deseos e ilusiones se frustran. Todo es el juego de la identificación. La consciencia de la identidad auténtica en el Ser es lo único que permite observar el juego como es.

Educar a un niño.

– Lo mejor que se puede hacer para educar a un niño es cultivar la propia consciencia. Ante todo lo que necesita un niño es amor y aceptación como Ser, ellos no vienen a este mundo a cumplir nuestras expectativas y nuestras normas. En los primeros años de su vida su salud física, emocional, mental y espiritual, como seres dependientes de sus padres, proviene de la salud física, emocional, mental y espiritual de ellos.

La meditación y la psicología Transpersonal.

– En terapia se puede enseñar y compartir la meditación como herramienta para la observación y como camino de descubrimiento de la auténtica identidad. Existe la hipótesis en la psicología Transpersonal de que la neurosis es provocada por una ignorancia o una escisión de la verdadera identidad, el Ser, y una identificación con la mente o ego. La psicoterapia Transpersonal puede ayudar en el proceso del crecimiento espiritual, siempre y cuando las personas que participen decidan profundizar en el origen de sus problemas. La meditación es también un elemento imprescindible en el crecimiento y desarrollo del psicoterapeuta Transpersonal

La psicoterapia psicodélica.

-La psicoterapia psicodélica es una técnica que consiste en la administración de sustancias psicodélicas o enteógenos en un ambiente controlado para producir una ampliación de la conciencia a la persona en tratamiento. Posteriormente se trabaja con el material o la experiencia producida por la sustancia. De hecho existen varias técnicas con diferentes sustancias y diferentes planteamientos de la experiencia que producen diferentes resultados. Esta técnica apareció a finales de los años 60 y se prácticamente se dejo de utilizar, debido a la prohibición de la sustancias, hasta principios de este siglo donde se ha retomado con fuerza y gran éxito. Actualmente se utiliza ampliamente en países como EE.UU., Israel, Canadá y otros para el tratamiento del PTSD, en adicciones y también para el tratamiento de la angustia en pacientes terminales. Como toda técnica depende del diagnóstico de cada paciente y de la habilidad del terapeuta que la lleva a cabo. En mi opinión puede ser una muy buena terapia si se efectúa de la manera correcta, aunque no es ninguna panacea y tiene sus riesgos y limitaciones

La Muerte.

– Realmente la muerte no existe, nuestra verdadera identidad, el Ser, no puede morir, nuestro cuerpo muere. El sufrimiento surge del apego y de la ignorancia de quienes somos. La muerte es la vuelta al hogar. Es muy importante acompañar a las personas en ese proceso, que puede resultar una experiencia maravillosa pues es el momento donde la ilusión material se disuelve para mostrarnos que importa realmente.

Jordi Àlvarez, 2 de Noviembre del 2014.

La psicología Transpersonal y el crecimiento espiritual.

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Introducción

La psicología Transpersonal, también llamada la cuarta fuerza, es una corriente de la psicología que incluye en su visión del ser humano, además de los aspectos psicológicos o personales, los aspectos espirituales o trascendentes, así como las experiencias “más allá de la persona” o Transpersonales.

Muchas veces, en el ámbito espiritual o en el Transpersonal, se mezclan o confunden las experiencias trascendentes con las experiencias espirituales o con las experiencias Transpersonales. Esta confusión entre experiencias y niveles de conciencia ha llevado en muchos casos a considerar como experiencias espirituales, experiencias de conocimiento Transpersonal o experiencias trascendentes que bien poco tienen que ver con lo que comúnmente se entiende como espiritualidad. Estas experiencias que se dan dentro del crecimiento espiritual solo tienen un valor real si son correctamente situadas e integradas por la persona.

Sobre esta diferenciación de tipos de experiencias de acceso a distintos niveles de conciencia se han escrito muchos ensayos que han comportado interesantes y a veces divergentes teorizaciones que intentan ubicar y orientar sobre como estas contribuyen el crecimiento espiritual y/o de la conciencia. Algunos de los autores y sus obras más remarcables son:

Stanislav Grof: La mente holotrópica

Charles T Tart: Estados de conciencia

Ken Wilber: El espectro de la conciencia

Antonio Blay: Niveles superiores de conciencia

Recomiendo a quien quiera profundizar en este tema que consulte estas obras.

Por lo que me concierne a mí, en este artículo intentaré tener en cuenta las diferentes visiones para establecer una pequeña guía práctica de cómo la psicología Transpersonal puede ayudar a las personas en su crecimiento espiritual, entendido este como camino de búsqueda de la plenitud y la libertad en sus vidas cotidianas.

 

La conciencia

Definiré la conciencia personal como aquello de lo que uno es consciente, de lo que uno “se da cuenta”. Desde esta simple definición, es evidente que cada persona tiene un nivel de conciencia diferente sobre si mismo y sobre su entorno, dependiendo del grado de profundización en su experiencia y la información a la cual haya tenido acceso, así como del desarrollo de sus capacidades intelectuales, cognitivas, experienciales y emocionales. Este nivel de conciencia particular le concede a cada uno una explicación de quién es y cómo funciona el universo.

Cuando uno se plantea, o empieza a través de sus experiencias, un camino de crecimiento personal y de profundización y ampliación de la conciencia de quien es realmente, es indispensable un trabajo sobre la identidad o ego como primer paso. Teóricamente esta sería la primera fase de un camino que podría llevar una conciencia espiritual. Se podría decir que la pregunta base es ¿Quién soy yo?

Esta fase es la fase de reconocimiento del Ego y la profundización sobre la identidad. Es a nivel psicológico, y consiste en reconocer la existencia de unos elementos conscientes y subconscientes de la personalidad que le llevan a actuar motivado por su historia personal y a interpretar la realidad desde un prisma concreto.

Existen algunos elementos básicos que le llevan a una autoconciencia sobre su personalidad y su identidad. Aparece la primera noción de la persona como ser autoconsciente que, a través de sus pensamientos, conocimientos y obras, interactúa con el universo. Esta interactuación determina su vida y la interpretación de sus experiencias.

Sin embargo muchas las personas que empiezan el camino espiritual ignoran su mundo subconsciente y como está formada su identidad. Esta ignorancia impide un verdadero crecimiento puesto que se aferran a verdades que no provienen de su experiencia y de la observación de sus mundos interiores.

 

El cuerpo y las emociones

Para poder desarrollarse espiritualmente, el segundo elemento a tener en cuenta es la recuperación de los aspectos físicos y emocionales. Tomar conciencia de que nuestro cuerpo y nuestras emociones juegan un papel muy importante en nuestra conciencia.

Cuando te has planteado cuál es tu identidad, o sea, con que te identificas, aparece la realidad de tu identificación múltiple con tus diferentes aspectos. En la sociedad occidental en la que vivo, las ideas tienen un papel superior a los otros aspectos de identificación que tenemos más o menos conscientes. El “pienso luego existo” del filósofo Descartes, así como las diferentes filosofías y religiones desarrolladas en occidente, fragmentaron al ser humano desidentificándolo de los otros aspectos de su realidad personal.

Las personas suelen presentarse a ellos mismos diciendo: Yo soy Tal, y soy médico o cualquier otra profesión, y pueden continuar diciendo su nacionalidad, su creencia, su equipo de futbol o su tendencia política; esta es la identificación mental. El cuerpo o sus emociones y sentimientos suelen quedar en un segundo plano, y así se puede decir que muchas personas son “cabezas con patas” que no se identifican ni con su cuerpo ni con sus emociones y sentimientos.

En la psicología Transpersonal, y en muchas tradiciones espirituales, se suele  advertir que es imprescindible estar bien “enraizado”, consciente del cuerpo y de las emociones, para poder crecer espiritualmente. La falta de “enraizamiento” comporta una espiritualidad mental, no sentida a través del cuerpo y de las emociones, que son dos de las vías más importantes de información sobre nuestra experiencia. Existen, de hecho, vías espirituales, como por ejemplo el yoga de Patañjali, en que el cuerpo es la base del crecimiento espiritual. También se ha desarrollado decenas de terapias corporales, con bases más psicológicas o más espirituales, que favorecen este desarrollo de la conciencia corporal como parte del crecimiento personal.

 

La meditación y los estados de conciencia

La herramienta común a todos los caminos de crecimiento espiritual es la meditación en sus múltiples formas. La observación introspectiva del mundo en relación a nuestra identidad surge inevitablemente y de ahí se desarrollan los diferentes tipos de meditación.

Esta observación de los procesos internos conlleva la comprensión de que nuestra conciencia atraviesa diferentes estados que modifican nuestra percepción de la realidad. Nuestros pensamientos, nuestras emociones y nuestras sensaciones determinan a cada momento como nos percibimos a nosotros mismos y al universo. Estos diferentes modos de percibir es lo que se ha venido a llamar estados de conciencia. El crecimiento espiritual es un aprendizaje de estos estados de la conciencia que nos muestran como nuestra identidad y nuestra percepción del mundo es variable, y nos  ofrecen información sobre quienes somos realmente.

Los estados de conciencia suceden de manera natural a través de las prácticas espirituales como la meditación, el yoga, la danza o la respiración. Una práctica espiritual consciente suele buscar la modificación de la conciencia para alejarse del modo cotidiano de observar la realidad y obtener modos más profundos de conciencia que le acerquen a la verdadera identidad. Es por eso que muchas tradiciones espirituales han elaborado complejas técnicas para la modificación de la conciencia que pueden incluir el silencio, el aislamiento, las respiraciones forzadas, la estancia en ciertos lugares, posiciones físicas forzadas o el consumo de plantas o substancias que produzcan ese cambio en la conciencia.

La psicología Transpersonal integra el conocimiento y el estudio de los estados de conciencia y de su modificación acompañando y facilitando la integración de las experiencias. La observación y comprensión de esos estados debe estar guiada por unos conocimientos que solo pueden facilitar las personas y las historias de las personas que anteriormente se aventuraron en la búsqueda de la “realidad más allá de la realidad cotidiana”. Sin una comprensión correcta, la modificación de la conciencia puede comportar peligros que dañarían la personalidad, ha de ser integrada dentro de nuestra realidad cotidiana.

Es aquí donde aparece el papel de guía en el crecimiento, que solo puede dar aquel que ha recorrido anteriormente ese camino de profundización. Aunque cada persona recorre un camino único, llegado cierto punto del camino es normal que se busque la guía de maestros espirituales que puedan ayudar a superar trabas y aconsejar sobre que prácticas son más adecuadas a cada persona en particular.

Asimismo es natural buscar en la sabiduría de las tradiciones espirituales la explicación a ciertas percepciones y conocimientos sobre la realidad que surgen así como una adecuación de la vida cotidiana a las experiencias vividas. En la literatura de las tradiciones espirituales se puede encontrar mucha información que ayude a integrar e interpretar las vivencias espirituales y que ayudan a tomar conciencia de que el camino que uno está recorriendo ha sido transitado desde el principio de la humanidad por miles de seres humanos.

 

La conciencia espiritual

La adquisición de una mayor conciencia sobre quien somos y de cómo nos relacionamos con el universo comporta un cambio de valores. La experiencia de la interrelación de los seres humanos con sus congéneres, con la naturaleza y con el mundo material, modifica nuestra relación con las personas, con los seres vivos y con la materia, aportando una mayor sensibilidad y humildad. O sea, que la creación de nuevas percepciones que surgen ante el mundo y el universo comporta  una respuesta moral y ética.

También surge un compromiso con el propio camino que reclama una práctica y una disciplina cada vez más amplia y que se extiende a todos los ámbitos de la vida. Ese momento de cambio de actuación también debería ser acompañado por personas que antes hayan afrontado esa transformación en sus vidas, para orientar y facilitar la integración de ese nuevo modo de ver y de verse, ya que muy a menudo uno se da cuenta de que su vida, tanto a nivel externo como interno, ya no le satisface o resulta contradictoria con su nueva percepción de la realidad.

Es el momento del “encuentro con la sombra” como C.G. Jung lo denominó o de “la noche oscura del alma” de San Juan de la cruz. El psicoterapeuta Transpersonal debería poder ayudar a transitar esa fase del camino, en la que el Ego sufre por la inadaptación a una realidad personal que se ha vuelto caduca.

 

Más allá…

Más allá de este punto, creo que la psicología Transpersonal no puede aportar más que una fraternal comprensión, pues el diálogo interior se convierte en la propia guía. Puede ser también el momento de encontrar un Maestro que establezca una relación íntima que ayude a la persona a encontrar la vía para recorrer los últimos tramos de esta aventura de autodescubrimiento sobre la auténtica identidad. La conciencia traspasa los límites de la persona y ya no es personal sino Transpersonal.

Quiero dejar claro que esta sería una progresión ideal y natural del crecimiento espiritual, y del papel que podría jugar la psicología Transpersonal como acompañamiento. Sin embargo, cada camino es único y la psicología Transpersonal está recorriendo su propio camino de crecimiento, que está compuesto, a su vez, por el camino de todos aquellos que se denominan psicólogos, terapeutas, counsellors o psicoterapeutas Transpersonales. Estos profesionales no son nada más que personas, que teniendo en cuenta la psicología occidental tratan de seguir su propio camino de crecimiento espiritual, y no son Maestros iluminados ni poseen la verdad absoluta, y como seres humanos también se equivocan y crecen con cada experiencia.

 

Jordi Àlvarez, psicoterapeuta Transpersonal.

Barcelona, Abril de 2014

Imatge

Las influencias del chamanismo mexicano en la psicología transpersonal; La aportación del Doctor Salvador Roquet

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Las influencias del chamanismo mexicano en la psicología transpersonal; La aportación del Doctor Salvador Roquet

Conferencia presentada en la XIII Eurotas Transpersonal conference, Varna 2011, por Magda Solé y Jordi Àlvarez.

La psicología transpersonal aparece a finales de los años 60 del siglo XX, como respuesta a una serie de inquietudes surgidas en el mundo de la  psicología, a partir del incremento en occidente del interés en los estados modificados de conciencia y la experiencia espiritual. Así pues la psicología transpersonal emerge como una ampliación de la psicología humanista, que incluye en su visión, los estados extáticos y las experiencias místicas o religiosas.

Varios factores históricos confluyeron en el aumento del interés general por una serie de temas que hasta entonces habían permanecido como patrimonio de unos pocos especialistas universitarios. Es difícil determinar cuáles fueron las causa y cuáles los efectos que provocaron el momento de cambio y de apertura que fueron los años 60. Los precedentes de esta confluencia podríamos fijarlos por ejemplo en William James,  tratando de comer un botón del cactus mexicano que acabaría llevando su nombre (Lophophora williamsii), y teorizar sobre la experiencia religiosa.

En este intento (infructuoso, por cierto) se dan las condiciones paradigmáticas del desarrollo de las investigaciones que llevaron a la aparición de lo que hoy llamamos marco transpersonal.

México está situado en el cono sur de norte América, a diferencia de sus dos vecinos del norte, Canadá y Estados Unidos, es un país con un claro subdesarrollo económico, político y social, y aún era más grande la diferencia en las décadas de 1950/60. En ciertas zonas de México aún hoy en día se pueden encontrar etnias enteras con Modus Vivendi que han variado muy poco desde el neolítico, tanto en sus creencias, como en sus condiciones de vida. Para los investigadores norte americanos y canadienses el país vecino era y es una fuente inagotable de investigación, étnica, antropológica, botánica y arqueológica justo al lado de casa. En 1938 el pionero de la etno-botánica Richard Evans Schultes cruza la frontera a la búsqueda del teonanacatl, el hongo sagrado, y viaja hasta Huautla de Jiménez una pequeña población situada en el estado de Oaxaca de México, donde identifica la especie Psilocybe y un año más tarde regresa y identifica el ololiuqui, semillas de la virgen como otra de las plantas sagradas empleadas en ceremonias de curación chamánica.

Una década y media más tarde buscando los “hongos mágicos”, el banquero Gordon Wasson y su mujer Valentina Pavlovna, viajan de nuevo a Huautla siguiendo los pasos de Schultes y conocen a la famosa chaman María Sabina. En 1955 son los primeros “blancos” a los que se les permite asistir a una ceremonia de sanación con ingesta de hongos. Este hecho desencadenaría un interés inusitado por la cultura indígena mexicana, y por el poder curativo y visionario de las plantas sagradas, debido a la publicidad que hizo Gordon Wasson con sus artículos y libros. Desde ese momento México se convirtió en el centro principal de la investigación de las plantas sagradas  y el chamanismo. Michael Harner, Joan Halifax o Ángeles Arrien hicieron estudios de las etnias y del chamanismo mexicano.

Paralelamente desde 1943, se fue desarrollando la terapia con sustancias como el LSD, la mescalina o la psilocibina. Primero en Europa y rápidamente en todo el mundo se experimentó con las drogas, primero llamadas psicolíticas (disgregantes del Ego) y más tarde psicodélicas (ampliadoras de la mente). Stanislav Grof fue uno de los pioneros en la investigación de la terapia psicolítica en Praga, para más tarde continuar su investigación en Estados Unidos ya en terapia psicodélica. El año 1967 junto con Maslow, Vich, Sutich, Fadiman y Margulies funda la psicología transpersonal en California. La experimentación psicodélica influyó profundamente en la aparición de esta nueva visión del ser humano y de la psicología.

En la psicología transpersonal confluyeron el interés por el conocimiento sobre el manejo de los estados modificados de conciencia que los chamanes poseían, y que podía ser de gran utilidad para este nuevo grupo de “sanadores”, y el interés sobre las plantas y hongos utilizados tradicionalmente en curaciones rituales. Actualmente las técnicas chamánicas como el tambor, o las visualizaciones intencionadas son herramientas ampliamente utilizadas por muchos terapeutas transpersonales. Pese a ese interés que ha generado excelentes trabajos, el chamanismo continua siendo un gran misterio debido en gran parte por la dificultad de comprender por parte de la mente occidental, racionalista y cartesiana, la cosmovisión poli-nivelada de los pueblos de tradición chamánica.

El chamanismo representa una cosmovisión más o menos compartida de una infinidad de creencias, que coinciden en la existencia de unas realidades superior a la realidad cotidiana, donde habitan seres que influyen y rigen sobre diferentes aspectos de esta cotidianeidad, los chamanes son los especialistas de la comunidad que pueden comunicarse, mediante el acceso a los estados modificados de conciencia, con esa realidad superior, y regresar con información que permitirá, encontrar y mantener el equilibrio del grupo con el todo. El chamán es una autoridad dentro de su comunidad, apreciados  por su sabiduría, ejercen de médicos, concejales del ayuntamiento, oficiantes y psicólogos. Cada etnia o cultura con tradición chamánica posee una mitología y una explicación de la realidad diferente, con explicaciones múltiples sobre el origen de las enfermedades y su tratamiento. A menudo entre poblaciones de una misma etnia cultural los chamanes utilizan diferentes explicaciones y tratamientos para una misma enfermedad, o para relatar sus mitologías aparentemente comunes. Así pues la comprensión o el estudio sobre las técnicas y sus porqués resultan prácticamente imposibles.

Una excepción importante en cuanto a comprensión, aplicación y estudio de esas técnicas, fue el Doctor Salvador Roquet, psiquiatra Mexicano que logró una comunicación mantenida con chamanes de las tribus Mixes, Tarahumaras, Huicholes y Mazatecos, en una relación de colaboración y cooperación, no solo a nivel terapéutico, si no también sanitario, educativo y social.

Salvador Roquet desarrolló un proceso de intercambio con los chamanes indígenas, que condujo a la creación de un sistema terapéutico y filosófico. Donde existía un proceso intercultural, no de imitación o reproducción de técnicas si no de autentica colaboración. Este proceso se debió a las especiales circunstancias que rodearon la vida del doctor Roquet.

Nacido en 1920, se licenció en medicina, y ejerció como epidemiólogo, con importantes cargos llegando a trabajar para la OMS. Más tarde se licencio como cirujano pulmonar y ejerció de neumólogo. Todos los destinos y cargos que ostentó le permitieron conocer y tratar con las capas más humildes de la sociedad y, ganar una sensibilidad social y un respeto por los indígenas y por sus tradiciones. En 1957 mientras estudiaba psiquiatría, participó en una investigación sobre los efectos de la mescalina. Esa experiencia le afecto profundamente teniendo que recibir atención con psicofármacos tras ella durante un año, y mostrándole las posibilidades terapéuticas de las sustancias psicodélicas.

Durante 1964 viajó por Europa conociendo a dos de sus referentes. Uno de ellos al que visitó en su escuela de Summerhill, Alexander S Neill compartió sus ideas de introducir el psicoanálisis en la educación de los padres y su escuela del amor. También conoció al doctor Robert S Hartmann, padre de la axiología, que se ofreció a participar con la aplicación de sus test de evaluación en el proyecto de una escuela de padres.

En 1967 el proyecto se había materializado en la escuela integral Álvarez, que consideraba al ser humano como una unidad bio-psico-social, ambiental y espiritual. Fue en ese año que Roquet pidió a Alfonso Caso, fundador y director del Instituto nacional indigenista, que le presentara la famosa chaman María Sabina con la intención estudiar el ritual de los “hongos mágicos” para su posible utilización en psicoterapia.

Ya desde su primer encuentro con la sacerdotisa y curandera, el doctor Roquet, hizo que varios pacientes en tratamiento le acompañaran a la sesión de hongos. Esa práctica de llevar a sus pacientes a veladas con los chamanes, permaneció en su trabajo hasta su muerte en 1995. Los cantos de la chamán le sugirieron que la manera de conducir a los pacientes a través de la locura era el manejo de la música y de las imágenes. A su regreso a México DF, ese mismo 1967 funda el instituto Robert S. Hartmann donde llevar a cabo sus sesiones con sustancias y la asociación civil Albert Schweitzer para financiar un hospital y una escuela integral en la sierra mazateca.

Junto a colaboradores como el doctor Pierre Favreau, el doctor Walter Houston Clark o Stanley Kripner, Roquet fue desarrollando una técnica de terapia con sustancias, que se diferenció de las dos escuelas existentes la psicodélica y la psicolítica. Esta técnica, a la que llamó de psicosíntesis pues surgía de la síntesis de varias metodologías de trabajo, incluía elementos de las dos escuelas y otros que habían descubierto de su colaboración con los sanadores indígenas.

El enfoque principal de la terapia de psicosíntesis de Roquet, era la sensibilización del paciente mediante un enfrentamiento directo con sus neurosis, permitiendo que el amor surgiera tras el contacto con la locura y con la experiencia mística. El descubrimiento de la ketamina y el aprendizaje de la utilización de la Datura, como medios para conducir a la disolución de las defensas egoicas, y la utilización de un elaborado programa de sesiones combinando los psicodélicos naturales, como las semillas de la virgen o el peyote con psicodélicos de laboratorio como el LSD o el MDMA, le permitían hacer atravesar  a los sujetos las diferentes fases de la experiencia de curación con gran éxito. Las sesiones de psicosíntesis, que se llevaban a cabo en instituto Hartmann de México DF, seguían un elaborado protocolo donde se valoraba constantemente el momento del proceso terapéutico de cada paciente, utilizando los test de Hartmann. Se determinó la duración media de la terapia entre un año y medio, y dos años. En ese periodo se combinaban cíclicamente las sesiones de psicoterapia convencional, con sesiones con las diferentes sustancias y trabajos con chamanes en la sierra o el desierto.

El instituto Hartmann contaba con una sala especialmente habilitada para las sesiones con sustancias. La sala estaba diseñada para conseguir momentos de saturación cognitiva, y estaba equipada con varios equipos de reproducción musical, proyectores de cine, iluminación regulable de colores y grabadoras. Se organizaban sesiones de grupo de entre 15 y 35 hombres y mujeres, pertenecientes a todos los estratos sociales y culturales, con problemáticas variadas, en momentos diferentes del proceso de sanación, suministrándoles a cada uno la sustancia adecuada a su condición terapéutica.

Desde 1967 a 1974, se realizaron 720 sesiones de terapia de psicosíntesis, donde participaron 1700 pacientes. El índice de “curación” o mejora fue de un 85%.

El instituto Hartmann se cerró en 1974, tras la detención y el juicio de los doctores Favreau y Roquet. Aunque las acusaciones de tráfico de drogas y delitos contra la salud, fueron desestimadas, se prefirió cerrar el centro y no continuar con las sesiones con sustancias, de manera pública.

El doctor Salvador Roquet continuó trabajando en su teoría de la personalidad, y desarrolló terapias alternativas sin sustancias para conseguir los efectos de saturación cognitiva, locura, muerte y renacimiento como las “convivials” o la “terapia de la muerte”. Sin embargo hasta el final de su carrera en ámbitos privados continuó celebrando sesiones de psicosíntesis con sustancias, en México, Estados Unidos, Canadá y en varios países europeos como Francia o España. También continuó visitando a los chamanes en compañía de sus pacientes.

Aunque fue conferenciante invitado en el tercer congreso internacional transpersonal, donde sorprendió al propio Stanislav Grof con su trabajo y sus métodos,  y participó en conferencias y encuentros del recién nacido “movimiento transpersonal”, Roquet nunca mantuvo relaciones estables y se mantuvo al margen de la corriente principal. Varios motivos parecen apuntar a ese distanciamiento, sobretodo la dificultad de comunicación, tanto por el hecho de no dominar el inglés como lengua, como por lo controvertido e innovador de sus métodos y planteamientos. En 1983 presentó en la 4ª conferencia internacional transpersonal, organizada por la ITA en Davos, Suiza, su primer y único libro “los alucinógenos: de la concepción indígena a una nueva psicoterapia”. El libro publicado en México en 1981, recopila toda su metodología de trabajo, estadísticas, filosofía y conclusiones, de los años de trabajo en el instituto Hartmann. Por desgracia, llegó en un momento en el que el “movimiento transpersonal” intentaba desvincularse de las terapias con sustancias psicodélicas debido a la prohibición vigente y a la mala prensa adquirida, y no sirvió como difusor de su innovadora visión de la terapia con psicodélicos.

Los trabajos del doctor Salvador Roquet y sus colaboradores, aunque cuentan con un pequeño número de discípulos inspirados por ellos (como la psicóloga Magda Solé entre otros), son aún hoy en día en gran parte desconocidos por la mayoría de los terapeutas transpersonales. Y existe un archivo de su material de trabajo compuesto por cientos de expedientes, test de personalidad, diapositivas, filmaciones y grabaciones de audio, sin estudiar, almacenado en México.

Creo que su experiencia en su relación con los chamanes de las tribus indígenas de México, fue única, y aportó datos y conocimientos aun no integrados en el mundo terapéutico transpersonal. Espero que mi humilde aportación permita algún paso hacia esa integración.

Jordi Àlvarez Carniago: Psicoterapeuta Transpersonal certificado por la European Transpersonal Association, Eurotas. Cursó estudios de psicoterapia Transpersonal en el Institut de Psicología Transpersonal de Barcelona, IPTB. Miembro de la Asociación Europea Transpersonal EUROTAS. Practicante por más de 4 años de la terapia corporal, Sistema de Centros de Energía. Actualmente ejerce de psicoterapeuta en consulta privada.
Trabajó de colaborador en el area de comunicación y difusión, y docente en el Institut de Psicología Transpersonal de Barcelona, en la asignatura de Estados Modificados de Consciencia. Realiza talleres de: “Psicologías y psicopatologías Transpersonales”, “El cuerpo desde una perspectiva Transpersonal”, “Chamanismo: el arquetipodel sanador” y “Aplicación de la música a la terapia Transpersonal”.
. Fue miembro fundador y Vicepresidente de la asociación de corta vida “Barcelona Expansiva, asociación para el estudio y el desarrollo de la experiencia psicodélica” que el 1997 organizó los Encuentros Psicodélicos en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, C.C.C.B.